Silvia Gold

Se recibió de bioquímica con dos hijos chiquitos, se exilió en Barcelona a los pocos años y desde ahí levantó, junto a su marido, uno de los grupos farmacéuticos más grandes de América Latina. Pero si hay algo que Silvia Gold define como su pasión, no es la empresa: es la Fundación Mundo Sano y la pelea contra las enfermedades desatendidas, esas que afectan a millones de personas pobres y no figuran en las prioridades de la industria. Este perfil recorre las dos vidas y el punto donde se cruzan.
Farmacia de familia, laboratorio de familia
Nació en Buenos Aires en 1948, en una casa donde la farmacia era el oficio de todos. Su madre había llegado al país con once años desde lo que hoy es Bielorrusia, entró a primer grado sin hablar castellano y terminó recibiéndose de farmacéutica; su padre, el doctor Roberto Gold, también lo era. Los dos tenían un laboratorio.
Ella se casó a los veintiún años, en tercer año de la carrera. Tuvo su primer hijo cursando quinto y se recibió en diciembre de 1972, poco después del nacimiento del segundo. Empezó a trabajar en la empresa familiar mientras hacía el doctorado en la cátedra de farmacognosia. La descripción que hace de esos años es sencilla: mucho trabajo y dos bebés.
Barcelona, 1976
En el clima previo al golpe, su padre insistió para que la pareja se fuera del país. Ella y Hugo Sigman, médico psiquiatra, eligieron Barcelona casi por descarte, y ella lo recuerda como una decisión afortunada: llegaron a una España que salía de su propia dictadura y empezaba a modernizarse. Al mismo tiempo, era un retroceso cotidiano respecto de Buenos Aires. Cuenta que en los primeros años le costaba que un gerente de banco le hablara a ella y no le pidiera hablar con su marido.
El plan original era que él siguiera con la psiquiatría y ella entrara a un laboratorio en Granollers. Ese trabajo resultaba incompatible con dos chicos pequeños, así que armaron algo propio: atender desde Europa las compras de materia prima del laboratorio familiar argentino. De esa semilla nació Chemo. El tercer hijo nació en España, y desde entonces ella se reconoce con dos identidades y dos casas.
Un grupo construido en pareja
Con la democracia restaurada, el matrimonio volvió a la Argentina sin abandonar España, y el conjunto de compañías terminó de tomar forma bajo el nombre de Grupo Insud, que hoy reúne ciencias de la vida, agronegocios, cultura, naturaleza y energía, con presencia en más de cuarenta países y alrededor de seis mil personas trabajando.
Sobre trabajar con su marido tiene una lectura poco solemne: fue exigente, pero le dio flexibilidad, algo que reivindica como condición para que las mujeres puedan sostener una carrera. Podía trabajar hasta la una de la mañana en su casa y pedirle a él que la cubriera en una reunión, cosa que no se le pide a cualquiera. Dos de sus hijos trabajan hoy en la compañía.
En lo estratégico, la fórmula que reivindica son los consorcios con grupos académicos. Empezaron a desarrollar productos con la Universidad Nacional de Quilmes y la UBA, y veinticinco años después siguen trabajando con los mismos científicos. Fabrican biosimilares, y ella insiste en que producirlos localmente baja precios y ahorra divisas.
En agosto de 2020, mAbxience, la pata biotecnológica del grupo, quedó en el centro de la escena mundial: su planta de Garín, levantada con una inversión de unos 40 millones de dólares, produciría el principio activo de las primeras 200 millones de dosis de la vacuna de Oxford y AstraZeneca para América Latina, con envasado final en México y financiamiento de la Fundación Carlos Slim. Su lectura del episodio fue menos épica que la del resto: le importaba explicar que la vacuna todavía estaba en fase 3 y que detener un ensayo por un efecto adverso es un procedimiento normal, no un escándalo.
Mundo Sano, la pasión declarada
La fundación la creó su padre en 1993 y falleció poco después. Ella la preside desde 1998 y suele decir que se la encontró recién nacida. El punto de partida fue la enfermedad de Chagas, endémica en América Latina, pero pronto amplió el mandato al conjunto de las enfermedades desatendidas: parásitos intestinales, control del mosquito Aedes, salud de poblaciones que no aparecen en los planes de nadie.
El hito que ordena esa historia es el benznidazol. Cuando en 2010 se declaró el desabastecimiento mundial del fármaco, Mundo Sano impulsó junto a Laboratorios Elea-Phoenix una alianza público-privada para producirlo en Argentina. Se aprobó en el país en enero de 2012 y desde ahí abasteció a otros mercados; en 2017 llegó la aprobación de la FDA, que ella describe como el momento en que la fundación pasó a jugar en otra categoría. Ese mismo año 2012, el Chagas entró en la Declaración de Londres sobre enfermedades tropicales desatendidas, y Mundo Sano se convirtió en la única organización latinoamericana dentro de la alianza Uniting to Combat.
Su objetivo declarado es de largo plazo y bien concreto: que para 2030 no nazca ningún bebé con Chagas. Para eso empuja el diagnóstico y el tratamiento de todas las mujeres en edad fértil, porque una mujer tratada deja de transmitir la infección durante el embarazo. Le resulta indefendible que ese análisis no forme parte de la consulta ginecológica de rutina en zonas endémicas y entre migrantes. La fundación trabaja en terreno en Argentina, España y Etiopía.
Lo que dice cuando le preguntan por su país
No esquiva el diagnóstico. Sostiene que hay precios de medicamentos que son legales pero no morales, y que ningún tratamiento debería costar un millón de dólares ni quebrar el sistema sanitario de un país. Sobre la Argentina, su crítica apunta menos a un gobierno que a una carencia general: la idea de que lo público no es de nadie, y que la familia y lo propio pesan más que la ciudadanía. Le duele particularmente que un país capaz de producir alimento para diez veces su población tenga hambre.
De ahí también su idea de liderazgo, que aplica a políticos, empresarios y periodistas por igual: quien tiene más recursos, económicos o intelectuales, tiene que tirar para arriba y no bajar el nivel.
El punto donde se cruzan las dos vidas
Recibió el premio a la Trayectoria Empresarial de EY, la Medalla de Oro de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Murcia e integra la Academia Nacional de Farmacia y Bioquímica. Se sienta en el board de la Fundación de la OMS y en el consejo del Centro para el Desarrollo Internacional de la Kennedy School, en ambos casos como la única latinoamericana, algo que considera parte del trabajo: llevar la voz de una región que en el mundo de la cooperación casi no existe.
Cuando bautizaron a la fundación con el nombre Mundo Sano, el término sonaba desmedido. Cuatro décadas de laboratorio, exilio, negocio y terreno después, ella lo usa como prueba de su propia tesis: los que pueden, tienen que apuntar más alto.
