Jorge "Pepo" Ferradas

Hay una frase suya que explica bastante sobre cómo trabaja. Cuando en 2022 asumió el management internacional de la cantante brasileña Giulia Be, dijo que en ese momento de su carrera y de su vida personal priorizaba enfocarse en artistas en los que no solo creyera como negocio, sino que además lo inspiraran y le dieran alegría trabajar con ellos.
Viniendo de alguien que pasó por Sony, Universal, Live Nation y Univision, y que manejó la carrera de Shakira en todos los mercados de habla hispana, esa declaración no es un adorno. Es un criterio de selección que se puede rastrear en cada movimiento de las últimas dos décadas de Jorge “Pepo” Ferradas.
De Buenos Aires a la primera línea del negocio global
Ferradas empezó su carrera en las discográficas y llegó a la presidencia de Sony Music Sur. Alrededor de 2004 tomó la decisión que reorientó todo: dejó la Argentina y el cargo para meterse en el management.
Ese salto lo llevó junto a Shakira, a quien acompañó en su primera etapa como mánager en todos los mercados hispanohablantes, y también en la supervisión de su acuerdo con Live Nation. Después pasó a Universal Music Group, donde participó en la creación y el desarrollo de GTS, la división de management y giras del grupo enfocada en artistas latinos.
Siguió Live Nation, donde estuvo más de cinco años como vicepresidente de Touring, repartido entre Los Ángeles y Nueva York. Cuando llegó al escritorio siguiente, ya llevaba veinticinco años en la industria y conocía sus tres patas por dentro: el sello, la gira y el artista.
Univision: millones de minutos por llenar
En enero de 2016, Univision Communications creó un cargo que hasta entonces no existía y se lo dio a él: presidente de la división de Música. La misión era unificar la estrategia musical de toda la compañía —televisión, radio y plataformas digitales—, incluidos los eventos musicales y el trabajo con el equipo de programación radial. Reportaba a Isaac Lee y operaba desde Nueva York.
Su lectura de esa oportunidad fue característica. Le dijo a Billboard que tenían millones de minutos para desarrollar contenido musical y que la plataforma era única en el mundo. En trece meses ya había montado Rise Up As One, un concierto celebrado en octubre de 2016 en San Diego, cerca de la frontera mexicana; cerrado un acuerdo 360 por cinco años con Residente, de Calle 13, a través de Fusion Media Group; renovado los equipos de producción de premios de la casa; y relanzado el brazo editorial de la compañía.
Ese trabajo lo llevó al puesto 96 del Billboard Power 100 de 2017, la lista de los ejecutivos más influyentes de la industria musical, en la que entró directamente sin posición previa.
Otra línea de esa etapa dice bastante sobre a quién quería escuchar. Impulsó My música VIP, una plataforma en alianza con M&M’s dedicada a artistas emergentes, que conectaba a fans con experiencias en vivo. En 2018, la edición con el cantante e influencer Johann Vera se hizo en Miami. Su argumento fue que la compañía tenía el compromiso de promover nuevas generaciones de talento.
El regreso a la independencia
Cuando terminó ese ciclo, evaluó lo aprendido —producción, manejo de premios, el funcionamiento interno de una empresa de medios, algo que no había hecho antes— y decidió volver a lo suyo. En 2019 fundó FPM Entertainment.
Su diagnóstico del oficio era claro: se había roto la época del mánager sabelotodo y todopoderoso, ese que le decía al artista cómo vestirse y qué canciones tocar. Para él, el mánager de esta época es el líder de un equipo con capacidades y experiencias distintas.
El primer nombre fue Nathy Peluso, en mayo de 2019, con base en España y con alianzas locales para cubrir el mercado. Después llegó Camilo, por recomendación de Ricardo Montaner, en el momento exacto en que el colombiano pasaba de ser un compositor respetado a un solista de estadios. En noviembre de ese año sumó a Lali Espósito, con quien ya había trabajado antes, y completó una base regional que abarcaba España, Miami y Argentina.
La pandemia lo movió de ciudad. Dejó Nueva York y se instaló en Miami, con oficina en Brickell, convencido de que ese era el lugar profesional que correspondía a esa etapa.
“El poder de lo real”
La frase que eligió para describir el tipo de artista que busca es suya y funciona como declaración de principios: trabajan con artistas que tengan el poder de lo real.
Lo desarrolló así: el público valora que su artista sea auténtico, sin parafernalia que esconda lo que no hay; lo que se hace desde el corazón se valora más que nunca y termina trayendo el éxito comercial. Es una idea que suena simple hasta que se la aplica a decisiones concretas de contratación, y ahí se vuelve exigente.
De su roster habló con la misma lógica. Definió a Camilo como un artista de enorme talento con una conexión única con el público; a Nathy Peluso como la emoción hecha música y una de las mejores artistas en vivo que había visto; y a Lali como completa entre cantante, actriz y bailarina, con la observación de que sus distintas facetas suman en lugar de dividirla.
Sobre Giulia Be fue todavía más explícito. Contó que se convenció desde la primera vez que la escuchó cantar, y que descubrir sus habilidades de composición y producción, su comprensión de las melodías y su ética de trabajo fueron las razones por las que decidió embarcarse en el proyecto. Habló de privilegio y de honor, dos palabras que no abundan en los comunicados del sector.
Un roster que se armó por convicción
El listado actual y reciente de FPM explica el peso que fue ganando en el mercado latino.
Camilo y Evaluna Montaner son clientes de largo plazo. Lali Espósito atravesó con él su consolidación como artista de estadios, incluida una gira argentina agotada que cerró en Vélez con 45.000 entradas vendidas. En noviembre de 2022 formalizó una alianza con Federico Lauria, CEO de DalePlay y mánager de Duki, Bizarrap y Nicki Nicole, para co-manejar al español Rels B: eran amigos de años y habían colaborado en giras y proyectos, pero fue la primera vez que trabajaron juntos en el desarrollo de una carrera desde cero.
En 2022 asumió el management internacional de Giulia Be, coordinado con su equipo brasileño. Y en junio de 2024, Rauw Alejandro lo incorporó a su nuevo equipo para encabezar la estrategia general de su carrera, junto a su abogado y a su mánager personal históricos.
La dedicación fuera de la oficina
Hay un detalle doméstico que ilustra su relación con el oficio mejor que cualquier declaración. Aunque hace más de dos décadas que vive fuera de la Argentina, sigue de cerca todo lo que pasa allá. Parte del motivo es familiar: una de sus hijas vive en el país. Pero la otra parte es pura curiosidad profesional. Escucha radio y mira televisión argentina para estar al tanto de las novedades musicales y también de las futbolísticas, en una especie de estéreo permanente.
Esa misma dedicación se le nota cuando aparece en público. En mayo de 2023 salió a responder a Maxi Trusso después de que el músico calificara a Lali Espósito con términos despectivos, sugiriendo que el enojo venía de una colaboración que ella no había aceptado. Fue una defensa directa, de las que un mánager no está obligado a hacer.
Lo que dice de la industria
En marzo de 2025, en el programa Perros de la Calle de Urbana Play, resumió una idea que no suele escucharse de alguien que llegó a lo más alto del negocio: que es una industria muy injusta porque no todo se basa en el talento.
La observación tiene peso viniendo de él, que trabajó con Shakira, con Soda Stereo y con Camilo, y que dedicó buena parte de su carrera reciente a artistas en el momento preciso en que podían dar el salto a una liga más grande. Ese es, según su propia definición, el instante que busca: no el descubrimiento, sino el punto donde el talento ya existe y necesita una estructura que lo acompañe.
Un oficio hecho de decisiones incómodas
Su recorrido está lleno de movimientos que, vistos desde afuera, parecen retrocesos. Dejó la presidencia de una discográfica para ser mánager. Dejó una corporación de medios global para volver a la independencia con una empresa propia. Cambió Nueva York por Miami en plena pandemia.
Cada uno de esos giros responde a la misma lógica: acercarse al lugar donde ocurre lo que le interesa. La estructura corporativa le dio herramientas —aprendió producción, manejo de premios y funcionamiento de medios en Univision, y él lo reconoce sin problema—, pero su forma de trabajo requiere elegir uno por uno a quiénes acompaña.
Después de más de tres décadas en la industria, sigue describiendo su trabajo en términos de lo que lo entusiasma, no de lo que factura. Esa insistencia, en un sector donde los números suelen ser el único idioma, es probablemente su rasgo más reconocible.
