Gabo Nazar

Gabo Nazar creó Cardón a partir de un pequeño emprendimiento de artículos de cuero y desarrolló después una red federal de franquicias, sumó Pampero y avanzó también en proyectos ganaderos.

Estudiaba Veterinaria en la UBA cuando compró unos cueros y unas herramientas y se puso a hacer cinturones para venderles a sus compañeros. De ahí salió Cardón. Casi cuarenta años después maneja dos marcas, una red de franquicias que atravesó todas las crisis argentinas y una cabaña de Angus en las islas del Delta. La historia de alguien que eligió, según su propia imagen, el camino poceado antes que el liso.

Elegir es descartar

La frase que mejor define a Nazar la dijo él mismo, y no tiene nada de motivacional: en la vida hay que elegir, y elegir significa descartar alternativas. Lo dijo recordando el momento en que dejó la carrera de Veterinaria. Estaba en Buenos Aires, venía de Ramallo, le gustaba el campo, y todo indicaba que iba a terminar siendo un buen veterinario. Pero descubrió que su vocación real pasaba por otro lado: la artesanía en plata y en cuero.

En 1986, todavía cursando, compró cueros y algunas herramientas y empezó a fabricar cinturones que vendía entre compañeros de facultad, amigos y conocidos. Ese fue el germen. En 1988 abrió su primer local en Ramallo con capital propio. Dos años más tarde desembarcó en Buenos Aires.

La idea que sostenía todo era simple y bastante contracorriente para la época: rescatar los productos y accesorios de la tradición del campo argentino y convertirlos en una marca. No una marca genérica, sino una con identidad nacional explícita.

El invento que lo cambió todo: las franquicias

En 1997, con la empresa ya ordenada en términos de calidad y estándares de producción, Nazar implementó el sistema de franquicias en Cardón. Esa decisión, más que cualquier diseño, explica el tamaño posterior del negocio.

El modelo tiene una lógica que él defiende con argumentos concretos. Reparte la ganancia, sí, pero también reparte la carga y el riesgo. Cuando llega una crisis de abastecimiento o financiera, no hay una sola espalda soportándola: hay una comunidad de licenciatarios y franquiciados. En 2022 lo resumía con datos: de toda la red de Cardón, apenas dos locales pertenecían a la casa matriz, y en Pampero solamente uno. Y esos locales propios no son los más rentables, son justamente los que necesitan más trabajo. Cuando un franquiciado tiene un problema, la empresa desembarca en esa sucursal, la pone operativa y después vuelve a licenciarla.

El tamaño de la red varía según el año que se mire, y conviene ser preciso: en 2008 se contaban más de 115 locales de Cardón; en 2016 eran 97, con 27 licenciatarios proveedores; en 2022 la proyección era cerrar el año con más de 90 puntos de venta entre ambas marcas, tras abrir unas 25 sucursales de Pampero en doce meses.

Crecer cuando todos se achican

Su estrategia declarada en los malos momentos es contraintuitiva: es cuando hay que apostar y tomar mercado. En 2022, con importaciones trabadas, insumos faltantes y talleres desbordados, Nazar seguía abriendo sucursales en Tucumán, San Luis, Salta y Barrio Norte. Su razonamiento era que cuando el abastecimiento se normalizara, iban a estar mejor posicionados que quienes se replegaron.

No es una teoría improvisada. Arrancó en 1988 y desde entonces contó, uno por uno, los sacudones que le tocó atravesar: el Plan Primavera, la crisis del 89, la convertibilidad, el Tequila del 95, el derrumbe de 2001, la caída de Lehman Brothers en 2009. Su lectura es que en la Argentina los ciclos económicos existen igual que en el resto del mundo, solo que acá son más intensos: se crece a tasas chinas y se cae a tasas brasileras.

Pampero: comprar una marca de cien años

En 2013 llegó la operación que le cambió la escala al grupo. Cardón compró Pampero, la marca de ropa de trabajo que por entonces llevaba casi un siglo en el mercado argentino, por 29 millones de pesos. El relanzamiento demandó unos 20 millones adicionales, con lo cual la inversión total rondó los 50 millones.

El plan era ambicioso y bastante federal. Una nueva planta de confección de tejido plano en Fontana, provincia del Chaco —la principal productora de algodón del país—, dieciséis locales exclusivos, presencia en multimarcas y hasta en ferreterías, veterinarias y estaciones de servicio. Cuatro líneas de producto: industria, rural, aventura y básicos. Volvieron las bombachas beige, las alpargatas, las botas negras de trabajo y las zapatillas de chico indestructibles.

Detrás de la logística había una convicción sobre el desarrollo productivo. Nazar apostó a una red de licenciatarios que fabricaran en distintos puntos del país, favoreciendo al interior incluso con unidades chicas. Su argumento era que un taller con veinte operarios le cambia la vida a un pueblo entero.

Una manera de hacer las cosas

Desde 2004, Nazar empezó a desarrollar la idea de que existe un modo Cardón de encarar cualquier cosa, no solo la ropa. De ahí salieron una revista, un proyecto gastronómico, desarrollos de estancias en Ramallo y Zárate, y hasta una pick up con la marca. Con los años el grupo se metió también en desarrollos inmobiliarios, gastronomía y hotelería.

Su explicación es tan sencilla que resulta desarmante: es inquieto, le gusta hacer, y considera que en la Argentina está todo por hacerse. La gente viaja, duerme, se transporta, y él ve una oportunidad de agregar valor en cada uno de esos verbos.

La cabaña El Federal

La faceta menos conocida es la ganadera, y es la que más habla de dónde viene. Nazar tiene un rodeo comercial en las islas del Delta del Paraná, un tipo de producción que él describe como rústica y primitiva, con condiciones de trabajo que solo entienden los isleros.

De esa experiencia salió El Federal, su cabaña propia, que trabaja sobre una línea de Angus Colorado con foco en la adaptabilidad a ecosistemas como el del Delta. El objetivo inicial fue producir sus propios reproductores; después, según cuenta, le picaron las ganas de hacerlo en serio. La segunda etapa apunta a producir reproductores para toda la región.

En 2026 esa pasión personal se cruzó con el negocio. Cardón selló una alianza con la Asociación Argentina de Angus por la cual produce y comercializa la línea de indumentaria de la raza a través de su red de franquicias y su e-commerce, con descuento para los socios de la entidad. El contrato se había firmado a fines de 2025 y debutó en la Expo Angus de Otoño. Para Nazar fue un paso obvio: lleva toda la vida cerca del campo y está en La Rural sin interrupciones desde 1989, casi cuatro décadas.

Qué le dice a los que empiezan

Su definición de emprendedor no pasa por la plata. Sostiene que emprendedor no es solo el que crea valor económico, sino cualquiera que esté incómodo frente a una realidad y sienta el impulso de transformarla. Puede ser una empresa, puede ser una vocación social, puede ser una carencia de infraestructura.

Lo segundo que recomienda es menos épico y más útil: tener la humildad de reconocer lo que a uno le falta y dejarse ayudar por quien lo tiene, sea socio, colaborador, financista o incluso el Estado al que haya que convencer de cambiar una política.

Y después está la imagen que resume su carrera entera, la del camino poceado. Nazar eligió el sendero lleno de baches —crear una marca propia con identidad nacional— por sobre el asfalto liso de una profesión segura. Casi cuarenta años, dos marcas, una red federal de franquicias y un rodeo en el Delta después, esa elección sigue explicándolo.