"Hacer lo que les gusta": la filosofía de Ricardo Markous

Cumplió 45 años en el mismo grupo y lo explica con una sola palabra. Entre proyectos millonarios, sostiene rutinas que no negocia.
“El tema de la energía me fascina porque mueve al mundo y siempre va a hacer falta”, dice Ricardo Markous cuando le preguntan por qué pasó 45 años en el mismo lugar. La frase condensa el motor de una carrera entera dentro del Grupo Techint, donde hoy conduce Tecpetrol y desde donde admite que, si alguien se lo hubiera anticipado el primer día, habría pensado que era una locura.
La explicación que ofrece no pasa por la estrategia ni por los números. Pasa por una idea que repite a quienes empiezan: hay que hacer lo que a uno le gusta. “En Vaca Muerta hay una oportunidad, pero tienen que poner pasión en lo que hacen”, sostiene. Es el consejo que ordena su mirada sobre el trabajo y, según cuenta, también su propio recorrido.
Una vocación que arrancó en la montaña
Antes de la energía estuvo la cordillera. Markous estudió ingeniería civil con orientación hidráulica en la Universidad de Buenos Aires porque quería construir diques: le gustaba la montaña. No hizo ninguno, pero esa atracción lo acompañó toda la vida. A fines de los noventa escalaba —una imagen suya en la aguja Frey, en el Cerro Catedral, pertenece a esa época— y hoy mantiene el vínculo con la actividad física a su manera: sale a andar en bicicleta los fines de semana con un grupo de amigos. “Eso también me mantiene activo”, afirma.
El deporte y el descanso ocupan un lugar deliberado en su rutina. Markous los considera parte del rendimiento, no una pausa al margen de él: sostiene que estar bien física y espiritualmente le infunde más energía al trabajo. Lo aplica incluso a las vacaciones, que toma para volver con más impulso a los proyectos que vienen.
La familia como sostén
El otro pilar es la familia. Tiene cuatro hijos y siete nietos, y describe el asado del domingo al mediodía como algo “casi sagrado” para reunir a todos. En su relato, ese equilibrio entre la vida personal y la responsabilidad de conducir proyectos de gran escala no aparece como una tensión a resolver, sino como la fuente que le permite sostener el ritmo.
El proyecto que recuerda con más cariño
Si hay una obra que asocia al disfrute es Camisea, en Perú, que define como lo más divertido que hizo en el grupo. La construcción de dos ductos que atraviesan la selva, llegan a 4.800 metros de altura y bajan hacia el mar, con 6.000 personas trabajando, le dejó tanto la satisfacción técnica como una lección sobre cómo pararse frente a la adversidad. De aquella etapa también extrae una enseñanza que repite: cuando una puerta se cierra, se abre otra.
A lo largo de la charla en la que repasó sus 45 años en la compañía, Markous vuelve una y otra vez sobre las motivaciones que encontró en cada etapa. En TGN, la ampliación del sistema de transporte de gas; después, Camisea; luego, la Central Eléctrica Pesquería en México; más tarde, Fortín de Piedra. En cada tramo, dice, apareció una razón nueva para quedarse.
El mensaje a las nuevas generaciones
Esa pasión es lo que intenta transmitir a quienes ingresan a la empresa. Les pide que compartan el conocimiento, que no tengan miedo de cuestionar, que sepan reconocer cuando se equivocan y que den “esa milla extra” que permite crecer. A su propio yo del primer día le diría que sea más paciente, que el esfuerzo da frutos y que trabaje con alegría en lugar de frustrarse. Y resume la invitación que les hace a los más jóvenes con una idea que, para él, lo explica casi todo: que vengan a divertirse.
Hoy su entusiasmo tiene un destino concreto. La motivación, dice, está puesta en Los Toldos II Este, el yacimiento que espera ver funcionando en 2027 y en el que quiere aplicar todo lo aprendido junto a la gente joven de la compañía.
