Yvon Chouinard

Yvon Chouinard: de escalador a fundador de Patagonia
Yvon Chouinard convirtió su pasión por la escalada y la naturaleza en Patagonia y terminó cediendo la propiedad de la compañía para financiar causas ambientales.

Yvon Chouinard nunca quiso ser empresario. Quería escalar, surfear, pescar y pasar el mayor tiempo posible al aire libre. Para financiar esa vida empezó a fabricar herramientas de escalada en una fragua de segunda mano, y esa decisión lo llevó, casi sin buscarlo, a fundar Patagonia, una de las marcas de ropa de montaña más reconocidas del mundo. Medio siglo después, cuando la empresa valía miles de millones, la regaló para que sus ganancias se destinen a proteger la naturaleza. Su historia muestra hasta dónde puede llegar una pasión cuando se la toma en serio.

Un chico de Maine que encontró su lugar afuera

Chouinard nació en 1938 en Lewiston, Maine, en una familia de origen franco-canadiense. De chico fue a una escuela donde se hablaba francés y, en 1947, su familia se mudó al sur de California. Ese cambio lo alejó de su entorno y lo empujó hacia el aire libre, donde se sentía más cómodo que en cualquier aula.

La primera pasión fue la cetrería. A los 14 años entró a un club de cetreros del sur de California. Para llegar a los nidos de halcones en los acantilados tenía que descolgarse con cuerdas por las paredes de roca, y ahí descubrió algo que lo atrapó más que las aves: la escalada. A los 16 ya viajaba a Wyoming para escalar y buscar nidos en las montañas.

El herrero del valle

A fines de los años cincuenta, Yosemite se había convertido en el centro de la escalada mundial. Chouinard y otros jóvenes pasaban temporadas enteras en el valle, viviendo con lo mínimo para escalar todos los días. El problema era el equipo: los clavos de hierro blando que se usaban para asegurarse en la roca se deformaban y había que dejarlos en la pared.

En lugar de resignarse, aprendió solo el oficio de herrero, consiguió una fragua usada y empezó a fabricar clavos de acero reutilizables. Los vendía entre sus amigos escaladores, muchas veces directamente desde el baúl del auto. Lo hacía para poder seguir escalando, no para montar una empresa.

La edad de oro de Yosemite

Como escalador, Chouinard fue una de las figuras de la llamada edad de oro de Yosemite. En 1964 participó en la primera ascensión del North America Wall, en El Capitán, junto a Royal Robbins, Tom Frost y Chuck Pratt, sin usar cuerdas fijas. Al año siguiente abrió con TM Herbert el Muir Wall, en la misma pared, con un estilo más limpio que el de las primeras ascensiones.

Más que por sus récords, se volvió influyente por sus ideas. Defendió que en la montaña importa tanto cómo se llega a la cima como el hecho de llegar, y esa noción de estilo terminó siendo una de las bases de la escalada moderna.

Cuando la pasión obligó a cambiar el negocio

En 1965 fundó con Tom Frost la empresa Chouinard Equipment, y en 1970 ya era el principal proveedor de equipo de escalada de Estados Unidos. Entonces notó algo que lo angustió: los clavos que fabricaba, colocados y retirados una y otra vez, estaban destrozando las grietas de las paredes que tanto amaba.

La decisión que tomó fue dolorosa. Empezó a desalentar el uso de su producto estrella y promovió la escalada limpia, con piezas de aluminio que se encajan en la roca sin martillarla y se retiran sin dejar marcas. Su pasión por la montaña pesó más que el negocio que ya tenía asegurado.

Un viaje al Fitz Roy

En 1968, Chouinard emprendió un viaje que marcaría su vida. Con su amigo Doug Tompkins, fundador de The North Face, y otros compañeros, manejó desde California hasta la Patagonia argentina para escalar el cerro Fitz Roy, en lo que hoy es El Chaltén, provincia de Santa Cruz. Allí abrieron una nueva ruta, conocida desde entonces como la ruta de los californianos.

El paisaje patagónico lo impactó tanto que años después bautizó con ese nombre a su empresa de ropa. La amistad con Tompkins duró casi medio siglo. En diciembre de 2015, Chouinard estaba con él en el lago General Carrera, en Chile, cuando su kayak volcó y Tompkins murió por hipotermia.

Patagonia, una empresa para seguir escalando

Patagonia nació en 1973, casi como un complemento del negocio de herramientas. Chouinard empezó vendiendo camisetas de rugby resistentes para escalar, y poco a poco la ropa superó en ventas a los clavos y mosquetones.

Él mismo se describe como un empresario a regañadientes. Escribió un libro sobre su filosofía de trabajo, Que mi gente vaya a hacer surf, cuyo título resume una política real de la empresa: si hay buenas olas, los empleados pueden salir a surfear y recuperar las horas después. Patagonia fue además una de las primeras compañías de su país en ofrecer guardería dentro de la empresa para los hijos de sus trabajadores.

Su pasión por la naturaleza también moldeó el producto. Desde 1985, la empresa dona un porcentaje de sus ventas a causas ambientales, y en 2002 Chouinard cofundó 1% for the Planet para que otras compañías hicieran lo mismo. En 1996, todo el algodón que usaba Patagonia pasó a ser orgánico, y en 2011 publicó en el New York Times un aviso de Black Friday que pedía a los clientes no comprar una de sus camperas si no la necesitaban. Chouinard atribuye el éxito de la marca a una obsesión casi fanática por la calidad: hacer ropa que dure toda la vida y que, si se rompe, pueda repararse.

La Tierra como único accionista

En septiembre de 2022, Chouinard tomó la decisión más recordada de su vida. Junto a su esposa, Malinda, y sus hijos, cedió la propiedad de Patagonia a dos estructuras nuevas: el Patagonia Purpose Trust, que conserva las acciones con derecho a voto para proteger los valores de la empresa, y el Holdfast Collective, una organización que recibe todas las ganancias no reinvertidas para destinarlas a combatir la crisis climática. La empresa estaba valuada en unos 3.000 millones de dólares.

La familia sigue guiando esas dos estructuras. La compañía, con más de 3.000 empleados y tiendas en más de diez países, está hoy a cargo de Ryan Gellert como CEO. Chouinard, que siempre se sintió incómodo con la idea de ser multimillonario, resumió la decisión con una frase que dio la vuelta al mundo: desde entonces, el planeta es el único accionista de Patagonia.

Pescar con mosca a los 87

A los 87 años, Chouinard sigue fiel a las mismas pasiones. Su libro más reciente, Pheasant Tail Simplicity, escrito con sus compañeros de pesca Craig Mathews y Mauro Mazzo, está dedicado a la pesca con mosca, otra de sus grandes aficiones, y defiende la misma idea que guió su vida: la simplicidad.

Quienes lo conocen cuentan que sigue viviendo de manera austera. El chico que se colgaba de las paredes para mirar halcones nunca dejó de buscar lo mismo: estar en contacto directo con la naturaleza y hacerse cargo del daño que uno le causa. Todo lo demás, incluida una empresa de miles de millones, fue una consecuencia.