Paul van Haver

Detrás del nombre Paul Van Haver vive uno de los artistas más influyentes que dio Europa en lo que va del siglo: Stromae. El belga que hizo bailar al continente con la melancolía de Alors on danse construyó una obra única, canciones de pista de baile que hablan de padres ausentes, cáncer, alcoholismo y pensamientos suicidas, cantadas en francés y convertidas en éxitos masivos de Bruselas a París y de ahí al mundo. Su historia personal —hijo del genocidio ruandés, estrella global a los 25, retirado en la cima por su salud mental— explica esa mezcla como ninguna biografía de prensa.
Un chico de Bruselas marcado por Ruanda
Nació el 12 de marzo de 1985 en Etterbeek y creció en Laeken, un barrio popular de Bruselas. Su madre, Miranda Van Haver, flamenca, crió sola a sus hijos; su padre, Pierre Rutare, arquitecto tutsi al que Paul apenas vio, fue asesinado en 1994 durante el genocidio de Ruanda mientras visitaba a su familia. Esa ausencia, que años después se volvería el corazón de Papaoutai, atravesó una infancia de colegio jesuita, tropiezos escolares y una educación sentimental hecha de Jacques Brel, son cubano y rumba congoleña.
Empezó a rapear alrededor del año 2000 bajo el alias Opsmaestro, pasó por el dúo Suspicion y terminó eligiendo un nombre que lo definiría: Stromae, el verlan —ese juego francés de invertir sílabas— de “maestro”. Publicó su primer EP mientras estudiaba en el INRACI, la escuela de cine de Bruselas, y en 2008 firmó contrato con el sello Because Music. Tenía 23 años y un sintetizador cargado de ideas tristes con ritmo de fiesta.
De Alors on danse a Racine carrée: Europa a sus pies
El despegue fue fulminante. Alors on danse, lanzada en 2009, trepó al número uno en buena parte de Europa con su mantra sobre el trabajo, las deudas y el baile como anestesia; hasta Kanye West publicó su propia remezcla en septiembre de 2010. El álbum debut, Cheese (junio de 2010), ganó el premio al mejor álbum de baile en las Victoires de la Musique de 2011.
Lo que vino después lo instaló en otra categoría. Racine carrée, publicado el 16 de agosto de 2013, superó los dos millones de copias vendidas solo en Francia y encadenó himnos: Papaoutai, el grito del hijo que pregunta dónde está su papá, y Formidable, el monólogo de un borracho despechado cuyo videoclip se rodó con cámaras ocultas en una parada de tranvía de Bruselas, con un Stromae aparentemente ebrio que fue noticia viral antes de revelarse como actuación. En 2014 cantó en Sanremo, su tema Ta fête fue el himno de la selección belga para el Mundial de Brasil y participó en la banda sonora de Los juegos del hambre junto a Lorde. El chico de Laeken era, a los 28 años, la mayor estrella francófona del planeta.
El precio de la cima y un regreso a medias
En 2015, en plena gira africana, todo se quebró. El Lariam, un medicamento antipalúidico que tomaba como prevención, le provocó insomnio, alucinaciones y crisis de ansiedad; él mismo contó después que sin el sostén de su hermano probablemente habría atentado contra su vida. Canceló conciertos, se retiró de los escenarios y en 2017 admitía que seguía sufriendo ataques de pánico y no sabía si volvería a la música profesional. En el medio hubo señales de vida puntuales: el single Défiler en 2018, colaboraciones con Coldplay y Dua Lipa.
El regreso formal llegó con Santé en octubre de 2021 y con Multitude, su tercer álbum, el 4 de marzo de 2022. La presentación de L’enfer —una canción sobre pensamientos suicidas que cantó en vivo en el noticiero de TF1, descolocando a media Francia— marcó el tono de una vuelta donde la salud mental dejó de ser un secreto para volverse materia artística. La historia, sin embargo, volvió a repetirse: entre abril y mayo de 2023 canceló primero varias fechas europeas y luego el resto de la gira mundial por motivos de salud, y desde entonces se mantiene lejos de los escenarios.
Mosaert, familia y una influencia que no se apaga
La música nunca fue su único idioma. Con Mosaert —anagrama de Stromae— construyó un sello creativo y una marca de moda de estética retro kitsch que llegó a las vidrieras de Colette y Le Bon Marché en París y colaboró con la casa de calzado Repetto en 2020. En esa aventura lo acompaña su esposa, la estilista Coralie Barbier, con quien se casó en secreto en diciembre de 2015 en Malinas y tiene un hijo nacido en 2018. Su hermano Luc Junior Tam completa el núcleo duro del proyecto.
Aun en retirada, su firma sigue apareciendo donde importa: en noviembre de 2024 puso su voz junto a Pomme en Ma meilleure ennemie para la serie Arcane, y en julio de 2026 apareció en My Sins Are My Savior, del álbum Confessions II de Madonna. Cada colaboración esporádica alimenta la misma esperanza entre sus seguidores: que el maestro vuelva al aula. Mientras tanto, Paul Van Haver administra su talento con la única regla que le dejó su historia: la obra puede esperar; la salud, no.
