María Eugenia Estenssoro

Nacida en La Paz y formada en las redacciones argentinas, María Eugenia Estenssoro pasó de escribir para Time y The Wall Street Journal a ocupar una banca en el Senado, y de ahí a las fundaciones que empujan transparencia e innovación. Periodista, política y emprendedora social, dejó su cargo antes de tiempo para volver al oficio y hoy divide su trabajo entre Poder Ciudadano y dos libros escritos junto a Silvia Naishtat. Este perfil recorre esa trayectoria y lo que la mantiene unida.
Una obsesión que arranca en la redacción
Hay figuras públicas que cambian de rubro y parecen empezar de cero cada vez. No es el caso de María Eugenia Estenssoro. Periodismo, banca legislativa y fundaciones fueron, en su recorrido, tres puertas distintas hacia la misma habitación: entender por qué algunos países construyen reglas que se respetan y otros las reescriben cada década.
Su formación se hizo en redacciones. Escribió para la revista Time y para The Wall Street Journal, fue secretaria de redacción de El Porteño —una de las publicaciones más filosas de los primeros años de la democracia recuperada— y redactora de la revista Mercado. Esa doble escuela, la del periodismo internacional y la del debate político local, marcó un método que después trasladó a todo lo demás: primero mirar los datos, después opinar.
Del oficio periodístico a la banca
En 2003 dio el salto a la Legislatura porteña. Cuatro años más tarde, en diciembre de 2007, asumió como senadora nacional por la Ciudad de Buenos Aires bajo la Coalición Cívica, tras una elección en la que su lista se impuso en el distrito con cerca del 29% de los votos, acompañada por Samuel Cabanchik. Su mandato se extendió hasta 2013.
En el Senado le tocó presidir la comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión, en años en que la discusión sobre prensa y poder ocupaba el centro de la escena argentina. También integró las comisiones de Trabajo y Previsión Social, de Minería, Energía y Combustibles, de Economía Nacional e Inversión, y la Banca de la Mujer. En diciembre de 2010 su partido la eligió por consenso como candidata a jefa de Gobierno porteño; en aquella elección terminó cuarta, con 3,32% de los votos. En septiembre de 2012 se sumó al bloque del Frente Amplio Progresista.
La decisión de irse
El movimiento más revelador llegó en marzo de 2015. Con una banca en la Legislatura porteña, anunció que renunciaba a partir del 1º de abril. Explicó entonces que la decisión estaba tomada desde diciembre y que consideraba poder aportar más desde la sociedad civil que desde un recinto. Volvió al periodismo.
Pocos dirigentes dejan un cargo antes de que se termine. Que ella lo hiciera dice bastante sobre dónde ubica el motor: no en el cargo, sino en el problema que quiere resolver.
Emprendedorismo, mujeres y transparencia
Fuera de la política partidaria, su firma aparece en organizaciones que empujan agendas concretas. Dirigió la Fundación Equidad, dedicada al reacondicionamiento de tecnología para achicar la brecha digital, y también Endeavor Argentina, la red que acompaña a emprendedores de alto impacto. Cofundó la revista Mujeres & Compañía y fue cofundadora y presidenta del capítulo argentino del International Women’s Forum.
Desde 2019 integra el Consejo de Administración de la Fundación Poder Ciudadano, capítulo argentino de Transparencia Internacional, donde ocupa el rol de vocal. Participa además de la Red de Acción Política (RAP). El hilo conductor entre una cosa y la otra es evidente: sistemas que rinden cuentas y economías que producen conocimiento.
Los libros como continuación del argumento
Junto a la periodista Silvia Naishtat escribió Argentina Innovadora, sobre científicos y emprendedores que empujan un modelo productivo basado en tecnología. Después vino Laboratorio Uruguay, publicado por Sudamericana, una investigación sobre por qué el país vecino sostuvo estabilidad institucional y crecimiento durante años y qué lo convirtió en destino de miles de argentinos que se mudaron.
De esa investigación surgieron sus intervenciones públicas más recordadas de los últimos años: la advertencia sobre la partida de decenas de miles de empresarios, banqueros, industriales y profesionales de alto nivel, a quienes definió como los Messi de la tecnología y del campo, y el paralelo con la fuga de cerebros de los años sesenta, cuando científicos como Manuel Sadosky terminaron sembrando en Montevideo la primera carrera de informática de América Latina. También su crítica frontal a los liderazgos que llamó mesiánicos, sin distinción de signo político, y su insistencia en que la pobreza infantil y la educación deberían ordenar cualquier campaña electoral.
Qué sostiene todo eso
La pasión de María Eugenia Estenssoro no es un tema, es una pregunta que repite hace cuarenta años y que empezó a formularse cubriendo la elección de 1983: qué hace falta para que un país cumpla su palabra. La respondió como cronista, como legisladora, desde el directorio de fundaciones y desde dos libros escritos a cuatro manos. Cambió de herramienta varias veces; el planteo, nunca.
