Claudio Bertonatti

Claudio Bertonatti nunca pasó por una facultad de biología. Aprendió a observar aves, reconocer plantas y entender ecosistemas por cuenta propia, con libros, binoculares y salidas al campo, junto a un amigo que terminaría siendo uno de los grandes referentes del conservacionismo argentino. Con esa formación armada a pulmón dirigió la Fundación Vida Silvestre, la Reserva Ecológica Costanera Sur y el Zoológico de Buenos Aires, publicó decenas de libros y se convirtió en una de las voces más escuchadas del país cuando se habla de naturaleza. En 2025, un organismo internacional lo distinguió por su defensa del mundo rural.
Dos pibes y unos binoculares
Bertonatti nació en la ciudad de Buenos Aires en 1963. Su formación biológica empezó sin aulas ni programas de estudio: la hizo por su cuenta, junto a su amigo y colega Juan Carlos Chébez, que con los años se convertiría en uno de los naturalistas más influyentes de la Argentina y en autor de la obra de referencia sobre la fauna amenazada del país.
Aquella dupla de aprendices convirtió la curiosidad en método. Bertonatti empezó a dedicarse profesionalmente a la conservación en 1983, cuando tenía apenas 19 años. Desde entonces no cambió de tema: en más de cuatro décadas pasó por organizaciones, museos, reservas y universidades, siempre alrededor de la misma idea.
Del campo al museo
Con el tiempo sumó a la biología otra disciplina que terminaría definiendo su trabajo: la museología. Estudió la carrera y completó dos posgrados, uno en Management Ambiental y otro en Jardines Botánicos Históricos.
Esa combinación lo volvió un profesional poco común. No solo sabe qué especies habitan un ecosistema, sino cómo contarlas al público. Participó en la creación de centros de interpretación en destinos turísticos y en el diseño de museos de antropología y de ciencias naturales. Suele insistir en una idea que atraviesa su obra: no se puede cuidar lo que se desconoce, y por eso los inventarios de especies y ecosistemas son la primera medida de conservación.
Vida Silvestre, Costanera Sur y el zoológico
Su recorrido institucional incluye tres lugares muy distintos entre sí. Trabajó cerca de tres décadas en la Fundación Vida Silvestre Argentina, donde ocupó cargos de dirección. Dirigió también la Reserva Ecológica Costanera Sur, ese pedazo de naturaleza recuperada frente al río, a metros del centro porteño.
Y estuvo al frente del Jardín Zoológico de Buenos Aires, aunque por poco tiempo. Su plan era transformarlo en un centro de conservación de la fauna argentina, de investigación científica y de educación ambiental. Cuando entendió que no iba a poder llevar adelante ese proyecto, se fue. Esa decisión define bastante su manera de trabajar: cambió muchas veces de empleo, pero nunca de convicción.
Sesenta libros y seiscientos artículos
Bertonatti es, además, un divulgador prolífico. Publicó como autor, colaborador o prologuista unos 60 libros y más de 600 artículos científicos y de divulgación. Entre sus títulos figuran La naturaleza de la patria (2009), la guía ¿Cómo descubrir, reconocer y disfrutar de las aves en 5 pasos? (2014), escrita con Claudia Nardini, el volumen sobre el Parque Nacional Perito Moreno que coeditó con Tom Butler y una red de términos museológicos elaborada junto a otros especialistas.
También da clases. Fue profesor en la Cátedra UNESCO de Turismo Cultural, en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad Católica de Salta y en el Instituto Superior Perito Moreno. Junto al museólogo Carlos Fernández Balboa dictó cursos sobre patrimonio natural y cultural en lugares tan diversos como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Antropología de Córdoba, el Museo del Fin del Mundo en Tierra del Fuego, la Universidad Nacional de La Pampa, el Teatro Argentino de La Plata y una reserva natural en Misiones.
Hoy es investigador del centro de ciencias naturales, ambientales y antropológicas de la Universidad Maimónides, que lo nombró doctor honoris causa, dirige allí la licenciatura en Turismo y Conservación del Patrimonio y asesora científicamente a la Fundación Azara. En Aves Argentinas participa del comité de registros ornitológicos.
La distancia que preocupa
En marzo de 2025, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura lo distinguió en San José de Costa Rica como uno de los Líderes de la Ruralidad de las Américas, un reconocimiento a quienes trabajan por el mundo rural del continente.
En esa ocasión resumió la preocupación que guía su trabajo actual. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, lejos de los paisajes silvestres y rurales, y para él esa distancia no es solo geográfica: también es intelectual y emocional. Quien crece lejos del campo no llega a entender qué funciones cumplen los ecosistemas, ni de dónde salen el oxígeno o el agua potable.
De ahí su defensa de los productores rurales. Pone un ejemplo que suele sorprender: hay apicultores que ganan más dinero alquilando sus colmenas para que polinicen cultivos que vendiendo miel, una señal de lo que valen servicios de la naturaleza que casi nadie ve. Y propone empezar por lo cotidiano, desde las escuelas y las casas, mostrando las ventajas de consumir productos locales, de estación y de producción responsable.
Una vocación sin diploma inicial
La historia de Bertonatti tiene un atractivo particular en un país donde muchas veces se mide a las personas por su título. Un adolescente sin credenciales que sale al campo con un amigo puede terminar dirigiendo instituciones, escribiendo decenas de libros y enseñando en universidades, siempre que la curiosidad no se apague.
Él lo dice de otra manera cuando habla del vínculo entre las personas y la naturaleza: se protege lo que se conoce, y se conoce lo que alguien se tomó el trabajo de mostrar. A eso le dedicó más de cuatro décadas.
