Oscar Ghillione

Las pasiones que duran suelen tener un origen con nombre y apellido. La de Oscar Ghillione se llama Hernán: el profesor de Cívica del colegio San Pablo que le mostró, siendo adolescente, que enseñar con entusiasmo podía cambiarle la vida a una persona y acercarla a sus sueños. Esa marca tardó años en volverse destino —hubo antes una universidad terminada en 2002, cuatro años en la empresa familiar, un empleo en una compañía de software, un MBA y una beca en España—, pero cuando apareció la oportunidad, Ghillione no dudó: renunció a su puesto corporativo para dedicarse de lleno a que miles de chicos argentinos encontraran a su propio profesor Hernán.
El dato que no lo dejó dormir
El disparador del salto fue una estadística: el 44% de los chicos y jóvenes argentinos no termina la escuela secundaria. Trabajaba entonces en el área de control de gestión de una empresa, con una carrera encaminada, cuando un amigo le contó cómo funcionaba Teach for America, la organización estadounidense que recluta a jóvenes profesionales talentosos para dar clases en escuelas de contextos difíciles. Ghillione armó un plan para la versión argentina, lo presentó y en pocos meses estaba aprobado.
Así nació en 2009 Enseñá por Argentina, con él como cofundador y director ejecutivo. La apuesta personal fue total: dejó el sueldo seguro de la empresa de software por una ONG que empezaba de cero, convencido de que el aula era el lugar donde se jugaba el partido más importante del país.
Cazador de maestros
La Nación lo bautizó con un título que lo describe mejor que cualquier cargo: cazador de maestros. Su organización selecciona cada año a unos cien jóvenes profesionales y los somete a una formación intensa —un mes de internación en González Catán, encuentros diarios en una escuela de Villa Soldati, un año de preparación— antes de mandarlos al frente de un aula dentro de un Programa de Liderazgo Social y Educativo que dura dos años.
Los resultados se cuentan en escala: más de 90 escuelas estatales y privadas, más de 10.000 chicos alcanzados por día y presencia en Buenos Aires, Córdoba y Salta, con más de 200 profesionales pasados por las aulas y 15.000 alumnos impactados ya en sus primeros años. El modelo, además, lo trasciende: forma parte de la red global que replica la experiencia de Teach for America en decenas de países, y la apuesta de fondo es que esos jóvenes líderes, sigan o no en la docencia, carguen para siempre con la causa educativa.
Una pasión que se profesionalizó
Lo que empezó como vocación prestada de un profesor de secundaria se convirtió en carrera completa. Ghillione contó su historia en el escenario de TEDx Río de la Plata con la charla “Profesores que dejan marca”, integró la academia de jurados del Global Teacher Prize —el premio que elige al mejor docente del mundo— y recibió el Premio Abanderados por su tarea social. En paralelo volvió al pupitre: cursó una maestría en Política Educativa en la Universidad Torcuato Di Tella, se certificó como docente de nivel secundario y superior, y hoy avanza con un doctorado en Educación en la Universidad Austral, donde además dirige la maestría y las especializaciones en gestión de instituciones educativas.
El círculo se terminó de cerrar con la gestión pública: es subsecretario de Planeamiento e Innovación Educativa del Ministerio de Educación porteño, el lugar desde donde las convicciones que predicaba desde una ONG se convierten en política para miles de escuelas.
La marca que deja el que enseña
La dedicación de Ghillione tiene algo de deuda pagada: lo que un profesor hizo por él, él lo organizó a escala para que le pase a otros. Su definición de Enseñá por Argentina lo dice en su propio idioma: “un canal para que muchos chicos se encuentren con profesores que les dejen una marca grosa en la vida”. Y su convicción de fondo mira más lejos que el aula: si el país quiere justicia y equidad, sostiene, hay que invertir tiempo y recursos en formar liderazgos sólidos en las próximas generaciones de dirigentes de todos los sectores.
De la empresa de software al barro de González Catán, del escenario TEDx al despacho ministerial, la vida de Ghillione es la demostración práctica de su propia tesis: un docente apasionado puede torcer una biografía. La suya, sin ir más lejos, la torció un profesor de Cívica.
