Ronnie Wood

A los 79 años, Ronnie Wood sigue haciendo lo mismo que a los 17: agarrar una guitarra, o un pincel, y no soltarlos. El Stone del jopo negro anda estos días por Sudamérica —anunció shows propios en la región y esta semana se sentó en Buenos Aires frente a Mario Pergolini para una entrevista en Otro día perdido, por El Trece— mientras confirma que el nuevo disco de los Rolling Stones ya está terminado. Sesenta años de carrera, dos inducciones al Rock and Roll Hall of Fame, dos cánceres superados y una sobriedad que defiende día a día: pocas biografías del rock muestran con tanta claridad que la pasión, cuando es de verdad, no se jubila.
Un pibe de barqueros con dos destinos posibles
Nació el 1 de junio de 1947 en Hillingdon, al oeste de Londres, en una familia de barqueros fluviales donde el arte corría por sangre: sus hermanos mayores, Art y Ted, fueron músicos y artistas gráficos, y el pequeño Ronnie creció dividido entre el dibujo y la guitarra. Nunca eligió: hizo las dos cosas toda la vida.
La música le ganó la delantera en 1964, cuando entró como guitarrista a The Birds. Pasó por The Creation, y en 1967 se sumó al Jeff Beck Group, donde grabó los discos Truth y Beck-Ola tocando el bajo. En 1969 fundó Faces junto a Rod Stewart, Ian McLagan y Kenney Jones: una banda de rock desprolijo y festivo que hizo historia en Europa y Estados Unidos, y que a mediados de los setenta ya lo tenía instalado entre los guitarristas más codiciados de Inglaterra.
Medio siglo de Rolling Stones
Cuando Mick Taylor dejó los Rolling Stones en 1975, Wood era el reemplazo que todos daban por obvio. Entró primero como invitado de gira y desde 1976 como miembro pleno, para construir con Keith Richards eso que ambos llaman el tejido ancestral: dos guitarras que se entrelazan sin que se sepa cuál lleva la rítmica y cuál el solo. Aportó además el slide, la pedal steel y un humor de camarín que lo volvió el pegamento humano de la banda; desde 1990 es también socio financiero del negocio Stone, no solo empleado de lujo.
El Hall of Fame lo reconoció dos veces —en 1989 con los Stones y en 2012 con Faces— y la historia sigue sumándole capítulos: participó del álbum Hackney Diamonds (2023) y de la gira que lo siguió, y en 2026 anunció que el próximo disco de la banda ya está grabado, mientras reflota junto a Rod Stewart un documental y material nuevo de Faces. En paralelo mantiene viva su obra solista, que arrancó con I’ve Got My Own Album to Do (1974) y suma títulos como Gimme Some Neck y Slide on This.
El Stone que pinta: la pasión paralela
Su otra vida transcurre frente al caballete. Wood pinta desde antes de ser famoso —se formó en arte, como sus hermanos— y convirtió esa pasión en una carrera en regla: expone en todo el mundo, trabaja con la San Francisco Art Exchange desde 1987 y es copropietario, junto a dos de sus hijos, de la galería Scream de Londres. Sus cuadros, muchos dedicados a íconos de la cultura popular y a sus propios compañeros de banda, se venden en serio: el rock le dio fama a su pintura, pero la pintura dejó hace rato de ser un hobby.
El costado emprendedor completa el cuadro: en 2005 creó su propio sello, Wooden Records, publicó dos autobiografías —Ronnie (2007) y Ronnie Wood: Artist (2017)—, ganó un premio Sony como personalidad radial del año en 2011 por su programa de radio y hasta incursionó en el turf como criador: su caballo Sandymount Duke llegó a anotarse rumbo al Grand National.
Sobrevivir también es una forma de pasión
Su vida privada tuvo tantas curvas como sus giras. Habló siempre sin vueltas de su alcoholismo, con varios pasos por rehabilitación, y en 2025 celebró quince años sin alcohol y nueve sin fumar. El cuerpo también lo puso a prueba: en 2017 le extirparon parte de un pulmón por un cáncer, en 2020 enfrentó un segundo diagnóstico y en abril de 2021 anunció que estaba libre de la enfermedad. Lejos de bajarle el volumen a la vida, redobló: casado desde 2012 con la productora teatral Sally Humphreys, fue padre de las mellizas Gracie Jane y Alice Rose en 2016, a los 68 años, y hoy suma seis hijos y seis nietos.
El Ronnie Wood que esta semana charla con el público argentino es el mismo que entró a The Birds en 1964: un tipo incapaz de elegir entre sus pasiones, que por eso las vivió todas. Toca, pinta, graba, expone, cría caballos y planea discos nuevos pasados los 79. Si alguien busca la receta de la longevidad artística, la suya es simple de enunciar y difícil de copiar: no dejar nunca de jugar.
