El hotel como partitura sensorial y la visión de Ian Arlyn Kupchik

Hay espacios que habitamos y hay espacios que nos habitan, que dejan una resonancia mucho tiempo después de habernos ido. Son lugares compuestos con la precisión de una partitura musical, donde cada elemento, desde la luz hasta el sonido, ha sido dispuesto para generar una respuesta emocional. Esta es la esencia de la hospitalidad según Ian Arlyn Kupchik, un director de orquesta y violinista que ha trasladado el lenguaje de la música a la arquitectura y el diseño para crear los hoteles de Grand Lux Collection. Al frente de este proyecto, su labor trasciende la de un CEO convencional para convertirse en la de un compositor de experiencias. Su propuesta es audaz y clara. Busca transformar el concepto de estadía en una inmersión cultural, en un viaje a través de los sentidos donde el huésped puede conectarse con el arte, la naturaleza y una forma más profunda de bienestar.
La composición visual. El arte y la arquitectura como narrativa.
En el universo de Kupchik, la arquitectura y el arte cumplen una función estructural. Van más allá de la simple estética para convertirse en el lenguaje a través del cual se cuenta una historia. El ejemplo más elocuente se está materializando en el barrio de Recoleta, en Buenos Aires. Allí, la reforma del hotel se articula en torno a la
Divina Comedia de Dante Alighieri. El edificio se reorganiza verticalmente en una narrativa que acompaña al huésped. Los pisos inferiores trabajan con paletas densas y obras con carácter dramático, sugiriendo un descenso a zonas más profundas y complejas. A medida que se asciende, los materiales se vuelven más nobles y claros, los espacios se abren y la luz adquiere protagonismo, evocando una sensación de liviandad y ascenso celestial.
Esta idea de que el espacio puede narrar una historia se adapta a cada entorno. En The Grand Hotel de Punta del Este, la narrativa es un diálogo con el patrimonio artístico local. Las suites que miran al mar incorporan murales inspirados en la obra del icónico artista uruguayo Carlos Páez Vilaró. El arte aquí se integra al paisaje que penetra por las ventanas, creando una experiencia visual cohesiva que rinde homenaje a la cultura del lugar. En la sede de Iguazú, la composición visual se rinde ante el poder de la naturaleza. La arquitectura se convierte en un marco sutil, con aberturas y un diseño de iluminación concebidos para integrar el paisaje selvático en los espacios interiores, haciendo que la propia geografía sea la obra de arte principal.
La dimensión acústica. El sonido como arquitectura invisible.
La formación musical de Kupchik, egresado de Berklee College of Music, se manifiesta de la forma más evidente en el tratamiento del sonido. En sus hoteles, la música es mucho más que un acompañamiento; la considera un elemento primario, capaz de activar emociones y guiar la percepción del espacio. Por ello, ha implementado ciclos de conciertos en vivo con bandas consagradas y emergentes que abarcan géneros como el jazz en sus variantes clásica y fusión, y otros ritmos contemporáneos. Estos eventos se planifican para interactuar con el ritmo del hotel, marcando la transición del día a la noche o creando una atmósfera particular en los espacios comunes.
La inmersión sonora se profundiza con la incorporación de objetos que buscan activar la memoria emotiva. Colecciones de vinilos, instrumentos musicales y otros elementos se disponen en los ambientes, invitando a la interacción y al descubrimiento. Estos objetos, en conjunción con las melodías, tienen el objetivo de elevar la experiencia sensorial. En la concepción de Kupchik, el sonido es una forma de arquitectura invisible que estructura el ambiente sin ocupar volumen, estableciendo un tono y modelando estados de ánimo.
El diálogo con el entorno. Geografía y cultura como material.
Cada proyecto de Grand Lux Collection parte de una lectura profunda del lugar. La estética nunca se impone; se construye a partir de las variables que ofrece el entorno. En Iguazú, la propuesta se centra en conectar a los huéspedes con la naturaleza y la cultura local. La vegetación, la temperatura y el sonido del ambiente son el punto de partida para todo el diseño. La gastronomía y los detalles del servicio también se consideran componentes integrales de esta conexión.
En el contexto urbano de Recoleta, el hotel dialoga con su entorno cultural. Su proximidad a importantes museos y galerías de arte se refleja en un diseño que emplea materiales nobles y crea un ambiente donde confluyen elementos clásicos y modernos. Finalmente, en Punta del Este, la lograda integración con el paisaje local se complementa con un diseño de interiores específico. En todos los casos, la intención es compartir con los invitados el valor que la cultura y el territorio representan para los anfitriones.
La orquesta humana y el arte de la hospitalidad
Para que esta compleja sinfonía de experiencias funcione, se requiere un equipo profundamente alineado con los objetivos. Kupchik, con un enfoque de liderazgo caracterizado por su involucramiento personal, busca colaboradores que puedan comprender y transmitir la orientación creativa que define a la marca. Él mismo se formó realizando todas las tareas operativas de un hotel, desde servir café hasta tender camas, lo que le otorga una profunda conexión con su equipo. Se refiere a su personal como una “orquesta de talentos”, donde cada integrante, desde la recepción hasta el servicio de habitaciones, comprende el valor y el significado detrás de cada detalle.
Así, la visión que impulsa a Ian Arlyn Kupchik se extiende más allá del diseño de espacios. Se manifiesta en cada detalle e interacción, con el fin de que la estadía de cada persona en Grand Lux Collection constituya una experiencia distintiva y resonante. El resultado es una vivencia que permanece en la memoria, una sensación que se siente pero que a veces es difícil de nombrar; es lo que queda cuando todo termina.
