Claudio Cerini 

El estilista argentino aplica técnica y precisión en un corte, reflejando una práctica basada en método, detalle y servicio.

Claudio Cerini construyó una trayectoria donde la pasión se manifiesta como disciplina y método. Su relación con el oficio surge de una decisión práctica: convertir la curiosidad por el corte en un modo de vida. La constancia lo llevó a crear un estilo reconocible, formar equipos y consolidar una marca que unió técnica, sensibilidad y gestión. Su trabajo se sostiene en la presencia diaria, la precisión y la búsqueda de mejora continua.

El descubrimiento del oficio

A los 25 años, Cerini encontró en la peluquería un lenguaje que le permitía expresar atención y destreza. Sin formación previa, aprendió observando, repitiendo y corrigiendo. La decisión de dedicarse de lleno marcó su perfil: autodidacta, metódico y enfocado. Lo que comenzó como un aprendizaje práctico se transformó en vocación, y más tarde en una plataforma empresarial que redefinió el estándar de calidad del rubro en Argentina.

Primer salón y construcción de estilo

Su primer salón en Buenos Aires fue un espacio experimental donde cada corte se entendía como una conversación entre técnica y persona. Ese contacto directo con los clientes le permitió desarrollar criterio estético propio y una comprensión precisa del servicio. El lugar creció en prestigio sin campañas, solo con reputación. El aprendizaje diario se convirtió en estrategia, y la exigencia personal en la base de su identidad profesional.

La técnica como lenguaje propio

La pasión de Cerini se apoya en la técnica. Para él, la tijera no es una herramienta sino una extensión del pensamiento visual. Cada movimiento traduce decisiones sobre textura, peso y forma. La observación rigurosa del cabello y la estructura del rostro definieron su estilo: natural, medido, equilibrado. La precisión técnica se volvió su sello y su manera de construir confianza, tanto con sus clientes como con su equipo de trabajo.

Formación y búsqueda internacional

Consolidado en Buenos Aires, decidió perfeccionarse en Londres, donde exploró otras metodologías y tendencias. Esa etapa amplió su repertorio y lo ayudó a formalizar lo aprendido de modo empírico. Cerini incorporó conceptos de geometría capilar, visagismo y construcción de estilo individual. Al volver, adaptó ese conocimiento al contexto local, demostrando que la formación constante es parte esencial de un oficio que cambia con cada generación.

De oficio a organización

Convertir la pasión en estructura implicó pasar de un salón a una red. Cerini profesionalizó procesos, creó una escuela y formó líderes dentro de su marca. Su gestión se centra en delegar sin perder coherencia. Cada espacio replica un modelo de atención que combina técnica, trato y responsabilidad. La expansión de Cerini representa la madurez de una pasión que, lejos de diluirse, encontró en la organización su forma de sostenerse en el tiempo.

Moda y proyección pública

Su vínculo con la moda surge naturalmente: el cabello como parte de la narrativa estética de una época. Cerini colaboró con artistas y diseñadores, desarrollando looks icónicos que acompañaron cambios culturales. No busca imponer estilos, sino traducir la identidad del cliente en una versión posible. Esa sensibilidad lo ubicó como referente: alguien capaz de combinar lo artesanal con lo contemporáneo sin perder autenticidad ni criterio técnico.

Resiliencia y vida personal

La historia de Cerini incluye una infancia compleja que forjó su carácter y determinación. Criado por su abuela, encontró en el trabajo un refugio y una forma de autonomía. Esa experiencia moldeó su manera de liderar: firme, empática y sin concesiones al esfuerzo. Su vida personal y profesional se entrelazan en una rutina exigente donde la pasión opera como sostén emocional y motor para mantener coherencia en todas sus decisiones.

Presencia diaria y coherencia

A diferencia de otros empresarios del rubro, Cerini mantiene contacto cotidiano con sus espacios. Atiende, supervisa y observa. Su presencia garantiza consistencia y cultura de servicio. Considera que la pasión no se delega: se transmite por ejemplo. Esa práctica permanente define la filosofía de la marca y da sentido a su liderazgo. En su caso, la excelencia no se mide por volumen, sino por la continuidad del estándar logrado cada día.

Legado y formación de nuevas generaciones

La apertura de la escuela Cerini simboliza su voluntad de trascender. Enseñar lo aprendido convierte la pasión en legado. La transmisión del oficio incluye técnica, conducta, respeto por el cliente y visión estética. En su propuesta pedagógica, el aprendizaje se concibe como proceso colectivo. Cada alumno se forma para integrar una comunidad de trabajo que valora el detalle, la disciplina y el compromiso, pilares de una vida dedicada al oficio.