“Animales en peligro”: la serie de Greenpeace y Natalia Oreiro que convierte la pasión en una forma de conciencia

Con una estética que mezcla emoción, naturaleza y narrativa visual, la nueva serie de Greenpeace producida por Cimarrón y narrada por Natalia Oreiro propone una experiencia que une arte y compromiso. Flow la presenta como un viaje apasionado por la biodiversidad latinoamericana.
La emoción como lenguaje ambiental
En “Animales en peligro”, cada plano respira la pasión de quienes decidieron transformar la contemplación de la naturaleza en una forma de acción. Greenpeace y Cimarrón crearon una producción que evita los lugares comunes del documental ambiental: aquí no hay dramatismo ni distancia. La cámara, guiada por el relato de Natalia Oreiro, se acerca a los territorios con la delicadeza de quien se enamora de un paisaje. La actriz, comprometida hace años con Greenpeace, presta su voz a una travesía que recorre Argentina, Chile y Colombia con la intensidad de una búsqueda personal.

Una estética que emociona sin artificio
El valor visual de la serie radica en su tratamiento sensorial. Las texturas de los humedales del Iberá, la niebla del páramo colombiano y los reflejos del Pacífico chileno son más que paisajes: son retratos emocionales de un planeta que todavía late. Cada episodio muestra una historia distinta, pero todos comparten una misma pulsión: enamorar al espectador para que quiera cuidar lo que ve. Greenpeace asumió el desafío de producir una pieza en la que el activismo se exprese a través de la belleza, no del impacto.

Natalia Oreiro, el hilo entre arte y empatía
La conducción de Natalia Oreiro marca el tono del relato. Su voz no impone, acompaña. Su narración transforma la información científica en poesía cotidiana, sin perder rigor. La actriz logra que la causa ambiental de Greenpeace adquiera dimensión emocional, demostrando que el arte también puede ser una forma de resistencia. Su presencia recuerda que la pasión no se opone al pensamiento, sino que lo potencia. Cada palabra suya traduce la urgencia de proteger a las especies que la serie retrata: el aguará guazú, el oso andino, el pingüino de penacho amarillo, el chungungo, el huemul y el yaguareté.
Greenpeace y el arte de contar desde el asombro
En “Animales en peligro”, Greenpeace explora un territorio narrativo diferente. La organización no aparece como voz institucional, sino como mirada sensible. Su objetivo no es mostrar tragedias sino provocar vínculos. Las imágenes, filmadas en alta definición, fueron diseñadas para comunicar serenidad y respeto. Cada plano largo, cada silencio, cada respiración natural invita a una pausa. Flow ofrece al espectador la posibilidad de mirar sin distracción, de volver a sentir fascinación por lo vivo. En ese gesto reside la pedagogía de Greenpeace: antes de salvar, hay que amar.

La pasión como motor del conocimiento
A diferencia de los documentales tradicionales que buscan convencer, “Animales en peligro” seduce. La pasión aquí no es sentimentalismo; es método. Los tres protagonistas —Celeste Giardinelli, Roberttson y Sara Samaniego— encarnan la curiosidad activa. No predican, preguntan. Viajan, observan, escuchan a los científicos locales. En ese recorrido, la emoción se convierte en aprendizaje. Greenpeace presenta así un modelo narrativo donde la sensibilidad es un modo de comprender, y donde la pasión puede ser la puerta de entrada a la acción.
Argentina, Chile y Colombia: escenarios de belleza herida
La serie convierte el mapa latinoamericano en un poema visual. En Argentina, los humedales del Iberá y la selva misionera exhiben su esplendor amenazado. En Chile, los bosques submarinos del kelp aparecen como un reino oculto de color y fragilidad. En Colombia, el páramo se vuelve una pintura viva donde cada gota de niebla sostiene la existencia del oso andino. Natalia Oreiro une esos espacios en una sola respiración narrativa. Greenpeace refuerza la idea de unidad biológica del continente: no hay fronteras para la belleza ni para su destrucción.
Flow y la emoción de mirar distinto
La decisión de lanzar la serie en Flow no fue solo logística, sino simbólica. Greenpeace busca que la experiencia sea íntima: cada espectador, desde su casa, frente a la pantalla, se convierte en testigo y aliado. El formato On Demand permite volver a mirar, detenerse, pensar. Es una invitación a transformar la emoción en compromiso. Como en toda obra apasionada, el mensaje no se impone, se contagia.

Conclusión: una pasión que se vuelve causa
“Animales en peligro” demuestra que la defensa ambiental no es un gesto de sacrificio, sino un acto de amor. Greenpeace y Natalia Oreiro construyen un relato donde la estética no disfraza la urgencia, sino que la eleva. Cada especie mostrada, cada territorio filmado, cada palabra narrada revelan que la pasión —cuando se dirige al bien común— es una forma de lucidez. La serie no pide admiración; pide involucramiento. En tiempos de distracción, mirar con amor también es una manera de actuar.
